Pero este invierno realmente sólo me está dejando los tobillos congelados, estoy harto de tener frío en los tobillos. Mi pantalón me queda algo corto y no me cubre esa parte del cuerpo, que en días de domingo nunca está del todo cubierta y se convierte en una molestia pequeña pero muy irritante al final.
Me está envejeciendo no salir de casa, no andar más que veinte minutos al día, mis sueños de verano vikingo se ven mermados por este castigo moral llamado 2º. Cada día me duele más el cuerpo, la espalda, me crujen cosas que no sabía que estaban, me rompo, duermo y no descanso, me estropeo, mi ansia de vivir de siempre está enterrada en la nieve. Y no tengo frío más que en la mente.
Sólo quiero salir de este témpano y volar entre hojas de otoño, en esas tardes de septiembre en las que el sol se resiste a ocultarse y nos tumbamos al norte de Madrid.
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