Tras tres horas escuchando black metal depresivo mirando cómo la chica maravillosa dormía tranquilamente, desayunamos, ordenamos, comemos y al rato nos vamos a la playa de San Amaro. Jugamos con Lu un rato en el agua fría fría y vamos a ver la Torre de Hércules. Las vistas desde allí guapísimas.
Tarde/noche tranquilita, hablo con la chica maravillosa y dormimos.
Es genial cómo la belleza puede hinchar el corazón o dejar impasible el alma sólo dependiendo de si está la mente empañada de reflexiones estériles o clara en felicidad.
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